
CUENTA LA LEYENDA....
Un joven persa llamado Farhad, príncipe según algunos, estaba profundamente enamorado de la doncella Shirin.
Un día, le llegaron noticias de que su amada había sido asesinada (luego resultó que no era más que un rumor), totalmente destrozado y desolado, montó su caballo y galopó hasta un acantilado desde donde se lanzó para morir. De sus numerosas heridas y gotas de sangre en el suelo brotó un tulipán, como símbolo de su amor perfecto. Por ello entre los persas, el tulipán es una ofrenda que un joven hace a su amada. Al ofrecerle un tulipán, le dice: "así como es de roja esta flor arde el fuego del amor dentro de mí", por lo que el tulipán rojo se considera el símbolo por excelencia del amor apasionado.
Es por esto que poco después de la Segunda Guerra Mundial, los holandeses enviaron cientos de miles de tulipanes a Ottawa, la capital de Canadá. Este gesto fue una forma de manifestar su agradecimiento, no sólo a los soldados canadienses por haber liberado a Holanda de la ocupación alemana, sino también al gobierno de Canadá, por haber permitido que la Reina María residiera en Ottawa durante el tiempo de la conflagración.